Visualidades contemporáneas
me encanta elegir fotografías. Lo se hacer bien, y confío en mi plenamente
No dudo. Solo vivo el proceso de algo en lo que me he entrenado, por pura intuición, durante años.
No importa si la carpeta tiene más de 50 imágenes de retrato, siempre se cuáles son las elegidas. En el corazón lo sé.
Hago una selección preliminar y luego —sin miras atrás a las demás— escojo las 2 finales que se quedaran en el formato horizontal y vertical de la plataforma.
Poder decidir con ese nivel de claridad me ofrece una conexión muy plena conmigo misma. Un sentido de suficiencia, de seguridad.
No puedo decir que tengo lineamientos claros, aunque puedo esbozar algunos como lo haría un editor fotográfico.
Lo primero que busco es la sensación que transmite el perfil, su expresión, su rostro. ¿Está cómodo cuándo le tomaron esta foto?
Pienso mucho en el lenguaje corporal. Pero es muy rápido. A veces me digo que puedo leer a la gente rápido, aunque quizá sepa leerlos mejor a través de las imágenes.
Mi amiga Natasha decía eso sobre las imágenes en Instagram, que las personas revelaban más de sí mismos pero no en la primera capa de lectura de la imagen, sino en los detalles del todo en sí. Esa sonrisa queriendo ser el niño que se porta bien para sus padres, o ese escote que está contando una historia diferente a la sola vanidad un viernes por la noche.
Me gusta cuando no sonríen demasiado.
Mientras menos foto de LinkedIn sea, mejor. (Manos cruzadas bajo el pecho o sosteniendo el mentón, ya saben cuáles)
Prefiero cuando el escenario no es un estudio, porque revela algo menos de ensayo. Menos publicitario.
A veces las elegidas son las que aparecieron entre una toma y otra.
Cuando te toman fotos, las primeras son sólo la reunión mental de todas las referencias que has visto y que guían —instantáneamente— como crees que debes verte. Pero eso se relaja cuando te van tomando más, y algo de ti, genuinamente tuyo, aparece.
Esas sensaciones expansivas donde nos sentimos plenos con nosotros mismos parecen poder habilitarse en momentos donde perdemos la tonada de nuestro propio guión.
Este ejercicio me permite mover las cosas hacia adelante. Lo que se traduce en encargar una nueva sesión de fotos al ojo maravilloso de Lalo Rondon. Y una entrevista nueva, y así, y así…
Un lunes maravilloso, y de puro instinto, para ti que me lees hasta aquí.
— prw



