Lo contrario del lujo
sigo teorizando sobre la misma curiosidad de mis veintes
Lo contrario del lujo, de la elegancia, del refinamiento intelectual, de la calidad artística o de la riqueza no es la austeridad, la sencillez, los razonamientos elementales, la línea recta o la economía modesta sino la pretensión. Lo contrario de las grandes virtudes no es no poseerlas sino pretender fraudulentamente que las tienes. Si algo es la elegancia es la verdad.
Este es el extracto de una opinión impopular para calificar una serie de streaming española. Mucho más allá de la serie siempre se me quedó grabada la idea de la “pretensión” como lo más lejano del lujo.
Pero también está el gran “fake it till you make it”, que funciona bien si necesitas contarte otra historia personal. ¿No será que el camino de la pretensión nos termina acercando a lo que emulamos para finalmente serlo?
Este tema siempre va a ser una conversación abierta. Igual que los temas de gusto, clase social, estilo, y en fin: diseño.
Mi abuela Lola amaba la frase “el hombre es arquitecto de su propio destino”. Como se imaginan, hoy la repite mi mamá también, por nostalgia o a punta de experiencia.
Los economistas nos encontramos pensando casi siempre en la mejor forma de organizar una circunstancia con los recursos que tenemos. Diseñar el mejor punto de equilibrio, aunque efímero.
Si la idea de “estilo de vida” es una ilusión del capitalismo, ¿no nos queda entonces el intento de cuadrar nuestras circunstancias propias de la mejor forma posible? ¿diseñar nuestra vida?
Con lo que nos queda de agencia dentro del sistema, ¿podemos aún decidir cómo vivir?
La historia está siempre incompleta.
La gran curiosidad sobre cómo vive la gente rica está alimentada por varios canales de “estilo de vida” a diario. Es cierto, yo también quiero saber cómo viven los ricos. O al menos, cómo viviría yo si algún día fuera realmente rica.
Es como ir entrenando el gusto para cuando ocurra. O ir fingiéndolo. ¿Por qué a eso vamos, no? A tener más dinero. ¿Es esa la lógica de nuestro sistema?
Creo que al medio de eso, hay mucho más. Tiene que haber más.
Pensar en marcas de lujo nos aleja de entender el lujo. El tiempo se piensa hoy en términos de lujo, tanto como el silencio, o la pausa. Si nos vamos a mentir pensando que lujo es sólo aquello que escasea, hemos caído redondos en la trampa.
¿Quizá es mucho pedir pensar en una construcción personal más plena?
Esta entrevista al chef Francis Mallmann me marcó hace años.
Tiene varias frases que merecen atención, sobre todo en el énfasis a las contradicciones de la vida humana.
Soy ambicioso. Me gusta el dinero. Soy romántico, pero creo que las cosas buenas a veces tienen que ser caras. Pero el lujo está más relacionado con el espíritu de tu vida, con lo que haces para conseguir ese lujo.
Ahora ya más grande pienso que Mallmann se permite romantizar ciertas cosas “no tan caras” porque puede acceder a lo más caro y a lo no tan caro. Y ese incluso es un gran privilegio. Poder romantizar dormir bajo un árbol con la seguridad de poder dormir en un hotel cinco estrellas la mañana siguiente.
Pero aún con una mirada crítica regreso siempre a algunas de esas líneas.
Me interesa el espíritu de la vida del que habla Mallmann, y lo que uno hace para conseguir ciertos lujos.
Si pensamos en las cosas caras como medallas, no hemos entendido nada.
Y aún en un reto más ambicioso. ¿Cómo hacemos para encajar el espíritu de nuestra vida con el espíritu de nuestro tiempo?
— prw



