Amar es construir un lugar, que es, un pedacito del mundo con un Dios adentro
trilogía de líneas sobre el amor
Tiendo la cama. Acomodo las toallas secas por tamaños. Pongo el playlist suavecito con música de Sade y suena nuestra Essenza Mini con una cápsula de Napoli. Nespresso jugó bien su apuesta con las cápsulas por países y con el diseño de sus cafeteras. Sin duda.
Y yo sé jugar bien a romantizar mis mañanas 🤪. ¡Sin duda alguna!
Cuando vas a un hotel, se esmeran en decirte que te sientas como en casa. Y a veces en casa te dicen: ¡esto no es un hotel!
¿Cuál es el punto en esto?
En casa yo quisiera un espacio restaurativo, una guarida genuina, mezclada con alguna sensación de spa y sonidos suaves, y orden y limpieza. La premisa de llevar la casa como un hotel pasa más por la sensación de hospitalidad y por esos mini engreimientos como tener hielos de todos los tamaños, o spray de aromas para las almohadas a nuestro gusto. ¿Se podrán implementar pantuflas para las visitas?
Pensando en esa idea de perímetro, de casa y de saber de memoria la frase home is where your heart is, recuerdo esto que leí en un pabellón de la Bienal de Venecia del 2024.
Está firmado a mano por Franco Arminio1, un poeta italiano del que no había escuchado antes.
Dice:
Necesitamos un lugar: hace falta una mano, una casa, una sonrisa, algo que nos haga de perímetro. El animal sin lugar se enferma, ama sin amar, sufre sin sufrir. Amar es construir un lugar, es decir, un pedazo de mundo, con un dios adentro.
Lo leí dos veces. Después le tomé foto y se quedó entre mis líneas favoritas. A veces me siento existencial y estas líneas guardadas de uno y otro viaje me acogen.
Su tema es justamente ese: el lugar como condición de todo lo demás, y la relación de amar con el perímetro.
Amar es construir un lugar, que es,
un pedacito del mundo con un Dios adentro.
Ya que ando escribiendo de romantizar y de perímetro.
De sentido de propiedad y de amor, instalo otra línea que llegó en mis veintes en una conversación con mi amiga Nica.
La escribió Milan Kundera en La insoportable levedad del ser2, sobre su personaje Franz:
Cualquiera que esté enamorado puede entender esto. Creo que no hay otra forma de entregarse al romance que la absoluta exposición al otro. Que no es más que una plena confianza en el otro.
Estoy notando que hago siempre tres cuerpos cuando escribo. Al menos eso está pasando este año. Por eso busqué lo que completaría mi trilogía de líneas sobre el amor.
Félix González-Torres en “Untitled” (Perfect Lovers)3 es una pieza que me señaló Pablo, que es artista, cuando recién iniciamos a andar de a dos.
La pieza son dos relojes idénticos colgados juntos, sincronizados. Funcionan al mismo tiempo, marcan la misma hora. Pero las pilas se descargan a ritmos distintos. Se sabe desde el principio. Se sabe que la sincronía es temporal y que uno de los dos relojes va a quedar atrás.
Félix la hizo pensando en Ross Laycock, su pareja. Ross murió de VIH en 1991. La carta que a veces se expone junto a la pieza dice:
No tengas miedo de los relojes, ellos son nuestro tiempo, el tiempo que ha sido generoso con nosotros. Hemos impreso al tiempo el dulce sabor de la victoria. Hemos conquistado el destino al conocernos en este TIEMPO y este espacio. Somos su resultado, así que le devolvemos un poco de lo que nos dio: tiempo. Estamos en sincronía, ahora y siempre. Te amo.
En casa tenemos dos relojes así dispuestos en la sala, como nuestra propia versión de la pieza de Gónzalez-Torres.
Nos pueden encontrar en casa a veces ajustando cuando alguno de los relojes se queda con menos pila. Intentando sincronía. Buscando a dios adentro.
— prw
Franco Arminio, “Abbiamo bisogno di un luogo”, en L’infinito senza farci caso (Bompiani, 2019).
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser (1984).
Felix Gonzalez-Torres, “Untitled” (Perfect Lovers), 1987–1990. Dos relojes sincronizados. La carta a Ross Laycock acompaña a veces la pieza; Ross murió de VIH en 1991.






